
Marca | Chapeau Sastre
As | El triunfo de la normalidad
ABC | Sastre humaniza el Tour
El Mundo | La paciencia y la determinación
Foto | El Mundo
Para la entrada de ayer sobre Amanece que no es poco busqué la escena completa de Antonio Resines y Luis Ciges en la cama pero no la encontré. El vídeo que puse se completaba con este otro diálogo antológico:
Se cumplen dos décadas del estreno de la mejor muestra de surrealismo en el cine español, aunque para Amanece que no es poco parece no haber transcurrido el tiempo. José Luis Cuerda situó su historia en plena Sierra del Segura (Albacete), muchos de cuyos habitantes participaron en esta película coral al lado de grandes actores como Antonio Resines, Luis Ciges, José Sazatornil o Rafael Alonso. Este fin de semana se le rinde homenaje en los mismos escenarios donde se rodara esta obra maestra del cine español.
Si no la habéis visto, no sé a qué esperáis. Uno de los diálogos más divertidos de la película:
¡Ahora, Quini, ahora!
Quinocho del Nou Camp,
el nueve del Sporting,
el carisma popular.
¡Ahora, Quini, ya!"
Ayer a las 12 de la noche se cantaba el Pobre de mí, punto y final a los Sanfermines 2008. Los de este año han sido los encierros más tranquilos de la última década y los hemos podido ver haciendo zapping entre el mejor narrador, el de la Primera, y las entrevistas de los reporteros de Cuatro, con Raúl Ruiz el del Numancia a la cabeza.
Pero tengo que reconocer que los encierros ganarían mucho si los retransmitiera Camacho como propone Alfonso Arús en su Arucitys:
El protagonista del vídeo es el árbitro internacional bielorruso Sergei Shmolik que pitaba un partido de la primera división de su país la pasada jornada. El colegiado dirigió el encuentro sin moverse del círculo central manteniéndose en pie a duras penas. Tras el pitido final tuvo que ser ayudado a abandonar el campo y para completar el espectáculo, Shmolik se retiró fingiendo dolores de espalda y saludando al público que le correspondió con una gran ovación, conscientes de que acababan de presenciar una de las mejores actuaciones arbitrales que se recuerdan.
En 1995 debutaban en Canal + unos muñecos de látex, los guiñoles, que durante 13 años han parodiado la actualidad política y social española. Tras cerca de 3.500 programas y numerosos premios los muñegotes dicen adiós.
Una de las últimas apariciones de los guiñoles ha sido para apoyar a la selección española en la Eurocopa:
España ha ganado la Eurocopa. Tengo que reconocer que hace un mes no esperaba este final ni de lejos. Fue después del Mundial de 2002 cuando perdí definitivamente la esperanza de ver a la selección española levantar el trofeo en una gran cita. Demasiadas decepciones. Cada dos veranos, una nueva. El Mundial de Naranjito, la cantada de Arconada, el penalti de Eloy ante Bélgica después de la exhibición del Buitre en el estadio La Corregidora de Querétaro, el gol de falta de Stojkovic por el hueco que dejó Míchel en la barrera, la ocasión de Salinas y el codazo de Tassotti a Luis Enrique, los fallos de Hierro y Nadal en Wembley en la única tanda de penaltis que ha ganado Inglaterra en toda su historia, el balón a las nubes de Raúl en el penalti que le sacó el Pitu Abelardo a Barthez cuando el partido agonizaba y la gota que colmó el vaso de mi paciencia, el robo de Corea. Aquel sábado por la mañana tiré la toalla. Cuando más fácil lo teníamos, más fuerte era la caída. Y si alguna vez nos la jugábamos a cara o cruz en los penaltis, irremediablemente salía cruz.
La eliminación en la primera fase de la Eurocopa de Portugal y la del último Mundial cuando íbamos a jubilar a Zidane no me harían cambiar de opinión precisamente. Pero el domingo pasado en la tanda de penaltis contra Italia la selección española de fútbol cambió su historia para siempre. De haber ganado los italianos se seguiría hablando de la maldición de los cuartos de final y de nuestro fatalismo histórico pero esta selección demostró ser un equipo ganador. La victoria en los penaltis ante Italia supondría el punto de inflexión en una historia plagada de fracasos. Después de superar a los transalpinos y nuestra tradicional barrera de cuartos, tanto Rusia en la semifinal como Alemania en la final fueron muy inferiores a la selección española y no tuvieron apenas opciones de victoria.